El tenis profesional vive al ritmo de una máquina infernal. Entre torneos de Grand Slam exigentes, Masters 1000 que se alargan durante dos semanas y el reclamo de lucrativas exhibiciones por todo el planeta, el circuito nunca se detiene. Como resultado, los mejores jugadores del mundo acumulan bajas, sufren lesiones de manera continuada y dan la voz de alarma ante un calendario que se ha vuelto insostenible.
Una temporada sin tregua ni descanso
A diferencia de otros deportes de equipo que cuentan con un parón estival de varios meses, el tenis ofrece un periodo de descanso prácticamente inexistente. La temporada se prolonga de enero a las finales de noviembre, dejando apenas unas semanas de recuperación a los deportistas para curar molestias y preparar el físico.
El alargamiento de los torneos: La extensión de muchos Masters 1000 a doce días ha transformado las semanas de competición en maratones.
La trampa financiera y mediática: Las obligaciones de asistencia impuestas por los organismos, combinadas con los astronómicos premios de las exhibiciones de fin de año, impiden a los jugadores tomarse un respiro, poniendo en riesgo su integridad física.
Cuerpos al límite y bajas en cadena
El precio de este ritmo frenético se paga de inmediato en el aspecto médico. Los cuerpos se desgastan de forma prematura y los retiros de última hora se acumulan en las grandes citas del calendario.
Las microrroturas por fatiga y las lesiones crónicas de muñeca, rodilla y abdomen se multiplican entre las figuras del circuito.
Espectadores u organizadores se ven privados a menudo de las principales estrellas en la recta final de los torneos, lo que devalúa la competitividad y el espectáculo.
¿Hacia un pulso entre jugadores y organismos dirigentes?
La protesta se organiza de forma discreta pero firme. Cada vez más voces se alzan para exigir una remodelación completa del circuito, que contemple desde una reducción drástica de la duración de los torneos hasta la creación de un parón invernal verdaderamente protegido.
El tenis moderno vive volcado en el dinero y el entretenimiento constante, pero se arriesga a sacrificar a sus campeones en aras de la rentabilidad. Si los estamentos directivos no atienden la extenuación física de los tenistas, todo el espectáculo del tenis profesional podría resentirse durante mucho tiempo.
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